Dimensión corporal

da claudia casanovas

Cuál es el sentido espiritual del trabajo con el cuerpo? Volvamos a la idea de que el cuerpo es el alma a nivel material y por lo tanto trabajar sobre el cuerpo es trabajar sobre el alma; porque como dice William Blake “el cuerpo es la porción del alma que se percibe con los sentidos”

El cuerpo es una manifestación y espejo de nuestro mundo interior, por lo tanto expresa ya sea nuestras cualidades esenciales como aquello donde estamos impidiendo el fluir natural de nuestra vida, a nivel físico, psíquico y espiritual.

El trabajo corporal tiende a ir liberándonos de las trabas que nos limitan para  poder expresar aspectos más amplios de nuestro ser, gozar de su manifestación en libertad.

Nuestro cuerpo, cuando libre, es sólido y a su vez, flexible. Tiene una “misteriosa elasticidad” como dice Durkheim, fruto de su contacto con la profundidad de la existencia y esencia de la vida.

El movimiento, el contacto físico, la lectura del cuerpo tienen siempre este objetivo: encontrarnos profundamente con nuestra Esencia

 

El movimiento con música: rítmico, lento y meditativo

En nuestro cuerpo puede despertarse un caudal de energía que generalmente desconocemos. Es la energía profunda que se encuentra en el núcleo de la materia. Una inmensa potencia que es el corazón de la existencia, aquello que los hindúes llaman Sat. ”El individuo debe convertirse en el  ser universal que es y vivir como tal. Ha de reconocer a su propio cuerpo físico no como una entidad separada, sino “uno con el flujo entero de la Fuerza Invisible que existe en todas las cosas y las sostiene” dice Sri Aurobindo.

El contacto de nuestra conciencia con esa energía primordial que se encuentra en nuestro interior, se despierta frecuentemente gracias al movimiento del cuerpo. Por eso han nacido técnicas como el yoga, la danza sagrada,  Rio Abierto, la bioenergética y otras corrientes.

Hay quien lo llama “movimiento consciente” y estoy de acuerdo con esta asociacion de cuerpo y Consciencia, pues llevando la atención al cuerpo de una determinada manera se va despertando nuestra Presencia.

En el danzar conscientemente comenzamos a sentir que estamos vivos, que estamos aquí y ahora. Pues como es obvio pero no evidente, y quizá sea el cuerpo quien mejor lo sabe, el único lugar y momento donde podemos estar es este instante.

Es a través de este movimiento consciente que se van despertando energías más profundas en nosotros, y la música nos ayuda con su asombrosa variedad creativa. Como dice el I King: “El movimiento rítmico del cuerpo va tendiendo el puente hacia el mundo invisible”.

El movimiento y la música estimulan a nuestras células a elevar su vibración, y nosotros vamos penetrando allí donde la vibración energética es más alta, sutil y potente.

A medida que la energía se va distribuyendo y fluyendo por todo el cuerpo, comienza a sentirse más claramente nuestra fuerza junto a nuestra sensibilidad; empieza a percibirse y a liberarse también el nivel afectivo .

Frecuentemente aparece la alegría, el deseo de contacto humano, el entusiasmo y la confianza en la vida. Y la mente se aquieta, se aliviana, se abre para profundizar en si misma hasta llegar al lugar donde la paz tiene su casa.

Este es el recorrido natural de la energía cuando está libre. Y desde esa paz mental, abrirse al amor, a la entrega, es el paso natural.

En ese estado aparece la conciencia del Momento Presente, pues, a qué otro lugar u otro tiempo voy a querer ir cuando la vida se manifiesta tan intensamente en mi aquí y ahora?

Quien conecta profundamente con su Ser y siente la propia vitalidad y amor, no desea luchar sino colaborar, no necesita quejarse pues la vida corre dentro de sí gozosamente y naturalmente siente el deseo de compartir esta dicha con los demás.

Cuando cuerpo y alma caminan juntos conscientemente, nuestra vida se vuelve más autentica y simple.

 

La lectura del cuerpo

El cuerpo, siendo nuestra parte más material, vuelve visible aquello que sucede en otros planos de nuestra consciencia, lo mental, lo afectivo y lo espiritual. Proponemos nuevamente la idea de que ”encontrar un cuerpo es encontrar un alma”.

Cuando, a través de la lectura del cuerpo, miramos con respeto e interés, para tomar consciencia de aquello que este cuerpo nos “presenta”, esta lectura se vuelve un instrumento del despertar: el cuerpo nos habla y como dice Lowen “ es el menos capaz de engañar”.

El cuerpo nos cuenta, a través de su postura, de aquello que ha quedado retenido no solo a nivel físico sino a nivel psíquico y mental. Recuerdo los muslos apretados de una mujer que evocan su temor a hacerse pipi en la escuela, renovando su sentimiento de vergüenza y su necesidad de controlarse A veces en vez de repetir un gesto antiguo, como apretar los muslos, el cuerpo está manifestando un “movimiento interrumpido” de nuestra psiquis. Unos brazos que se alzan unos centímetros respecto a su posición natural a los lados del cuerpo y que nos sorprenden por lo incómoda e innatural de su postura. Brazos a los cuales, al permitirles continuar su movimiento en el espacio, se elevan hasta pedir amor o compañía, estirándose hacia el ser querido. Un movimiento que ha sido interrumpido en su momento y que ha quedado ahí, repitiendose en el tiempo, a medio camino. Un actitud psico.física de estar siempre un poco pidiendo, un poco renunciando.

Recuerdo otra persona, que en pie frente a mí, giraba levemente su cuerpo, en una torsión de la columna vertebral que la hacía estar como empezando a darse vuelta e irse . Pero sin hacerlo y perpetuando en su mundo interno y corporal esta vivencia “me quiero ir pero me quedo, estoy pero no del todo”.

Todos nosotros tenemos este tipo de fijaciones en nuestro cuerpo.psiquis, contracturas crónicas que ponen en evidencia sentimientos y pensamientos, tambien crónicos. Tenemos dentro movimientos interrumpidos que desearían completarse y conocerlos es crecer en consciencia. Estos desequilibrios nos quitan de nuestro natural centro de gravedad corporal, que corresponde a nuestro centro de gravedad interior, por lo tanto perder o re.encontrar el uno implica perder o re.encontrar el otro.

También podemos descubrir en nuestro cuerpo y postura recursos insospechados, manifestaciones de nuestra vida interior que a veces desconocemos: unas piernas fuertes y bien plantadas que con su posición hablan de nuestro sólido contacto con el mundo material o una mirada viva y cálida que manifiestan un corazón abierto, por ejemplo. Recuperar la conciencia de estas cualidades también nos enriquece y completa.

Cuando estamos dispuestos a leer aquello que nuestro cuerpo manifiesta con su postura, su respiración, su manera de caminar o hablar, descubrimos elementos preciosos para nuestro autoconocimiento. En este ser simplemente más conscientes de nuestra experiencia estamos también dando un paso en la línea del despertar de la presencia en el ahora, pues dar atención a lo profundo de nuestro cuerpo es dar atención al momento presente.

 

El contacto físico

Del contacto íntimo y profundo con nuestra madre en el útero, pasamos, tarde o temprano, a un contacto con “la nada”, el aire, lo duro y rígido, la soledad. Y es probable que ansiamos volver a ese lugar seguro y cálido, contenidos y acompañados plenamente.

Quizás este sea “el paraíso” al cual anhelamos volver pues nos sentimos como fuera de casa, exiliados. Quizas nuestro paraíso es ese momento de contacto con el Ser del que he hablado y que hemos vivido en nuestra consciencia cuando estábamos en el útero materno.

Lo cierto es que frecuentemente no sabemos cuál es nuestro lugar en el mundo. Ciertamente no lo es en un útero agrandado, como a veces proponen las sectas, aprovechándose de esta necesidad de contención y protección que el ser humano siente.

Cuando salimos del útero, aquel espacio conocido, cálido y protector es substituido por una distancia de los demás, se agrega frecuentemente un contacto físico no amoroso, a veces no en los primeros días o meses, pero tarde o temprano todos hemos sido dejados solos, fríos, a veces en la oscuridad, a veces golpeados, empujados, mirados sin amor.

Todo esto genera una reacción, alguno reaccionará apegándose más al contacto, otro renunciará a él, alguien más lo rechazará vivamente. Pero la vida es contacto. Y no podemos abjurar del encuentro físico entre seres humanos, para tener hijos, para viajar en tren, para saludarnos, aprender a nadar o ir al médico.

Entonces cómo volver a lo natural? Y qué es lo natural?

Lo sano y natural es que el contacto del cuerpo de un ser humano con otro sea placentero, benéfico, curador. Por eso hay como un rechazo a aquellas experiencias de contacto físico que no lo son.

Muchos hemos sentido el efecto de un masaje dado con amor, una mano sobre la espalda, una mirada cómplice. Reaprender a tocarnos, a percibir la necesidad de contacto no sólo físico sino psíquico y espiritual con el otro, escuchar nuestra necesidad de ser tocados con respeto y sabiduría es un camino donde el cuerpo puede ayudarnos a contactar y curar otros niveles de nuestro ser.

Hay un tipo de encuentro físico que nos reconecta con nuestra esencia. Y nos sana y nos ayuda a llegar nuevamente con la conciencia hasta el cuerpo y allí instalarnos, presentes, abiertos, confiados. A veces lo llaman masaje, a veces simplemente contacto, puede ser más técnico o más intuitivo, pero siempre será un alimento para quien sepa abrirse a recibirlo, y a darlo.

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