Dimensión psíquica

da claudia casanovas

La psique es un nivel menos sutil de nuestro Ser respecto de la dimensión puramente espiritual . Es, por lo tanto, más fácil de ser percibida conscientemente. Trabajar el nivel psicológico es útil y necesario para acompañar el encuentro con lo transpersonal , lo que va más allá de la persona: más allá de nuestro cuerpo, sentimientos y pensamientos individuales.

El trabajo psicológico es necesario por muchos motivos; uno tiene que ver con la toma de consciencia de ese plano, reconocer sus dinamicas es crecer en el darse cuenta. Y otro motivo es porque sólo puede dejarse atrás de verdad, aquello que hemos conocido – y aceptado – profundamente. Por eso el camino a través de lo psicológico pasa siempre por la vía de la aceptación, por mirarse con un cariño incondicional.

Estoy de acuerdo con Arnold Desjardins que dice que “ nuestro aspecto más cruel es no amarnos a nosotros mismos”. Pues si no nos amamos, cómo podremos amar a los demás y mejorar nuestras relaciones afectivas?

La curiosa paradoja es que solo cuando nos amemos y aceptemos a nosotros mismos así como somos podremos cambiar naturalmente, dándonos cuenta de que no hay razón para perseguirnos tratando de “mejorarnos a la fuerza”, rechazando lo que hoy se está dando en nosotros, aunque ello sea miedo, tristeza o envidia.

El amor y el autoconocimiento son un camino de autotransformación interior mucho más potente y verdadero que el de la severidad o esfuerzo represivo.

 

Un recorrido

Hace 35 años conocí a Antonio Blay, psicólogo catalán, reconocido como quien introdujo en España la psicología transpersonal. Tuve la suerte de poder trabajar con él los últimos años de su vida, de haber podido estudiar gracias a sus libros y de tener el espacio laboral oportuno, como counselor, para poner en práctica su propuesta: el encuentro con nuestro Centro o Esencia y la apertura a los niveles superiores de nuestro Ser.

Cuando la persona se acerca buscando ayuda, en general lo hace a partir de un estado de sufrimiento y con la necesidad de desarrollar ciertos aspectos de su personalidad que han quedado inmaduros o condicionados por experiencias de la infancia aún no digeridas. Esa dificultad puede manifestarse en una relación sentimental difícil, en un trabajo frustrante o en el sentirse víctima de los demás.

Descubrimos que el problema concreto es simplemente la manifestación de algo que no logra desarrollarse y expresarse en la propia vida. Y nos abocamos a la tarea de ver cómo pueden volver a fluir la fuerza de su inteligencia, de su amor o voluntad y aplicarla a ese y otros problemas o circunstancias de su vida.

Parece tan simple y lo es. Solo que para desarrollar lo retenido, lo deficitario (que esta es la raíz de la palabra defecto), es necesaria consciencia, compromiso, determinación. Y también amor a si mismo.

Es un poco misteriosa la manera en la cual sucede una alquimia gracias a la cual se despierta un renovado amor a si mismo, que incluye paulatinamente el amor a los seres cercanos. Este amor va incluyendo a los lejanos e incluso desconocidos, como cuando en la meditación budista se dice “puedan todos los seres sensibles ser felices”.

Ese es el tipo de recorrido que parte de lo individual y se abre a lo universal.

Para recorrer juntos este camino es necesario crear un espacio de mutuo conocimiento, respeto e interés reciproco entre el “ayudante y el ayudado”, como los llamamos en el libro “El arte de Ayudar” .

Y si sucede una curación es justamente gracias a esta relación que se produce en los dos polos de la interacción, durante la cual ambos crecen, maduran, se van encontrando más cerca de la verdad y de la capacidad de aprender de su experiencia. Como dice Rogers: “Estar cerca de la verdad no puede ser dañino, aunque nos obliga a veces a una reorganización dolorosa que se llama aprender”

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